Todo diseño inicia con una idea, pero lo que marca la diferencia es cómo se transforma. El proceso creativo implica observar, cuestionar y simplificar hasta encontrar lo esencial. No se trata de improvisar: se trata de construir con intención.
La investigación es una parte clave. Entender al público, la marca y el contexto permite tomar mejores decisiones visuales. A partir de ahí, el diseño comienza a tomar forma con pruebas, bocetos y ajustes que buscan coherencia y equilibrio.
Llegar al resultado final es un trabajo de afinación. Se pulen detalles, se ordenan jerarquías y se asegura que todo comunique con claridad. El diseño es un proceso continuo: cada elección suma y cada cambio busca mejorar la experiencia

